
GALERÍA CCPUCP
CATALINA MONTESINOS
En el origen fue el barro
Lun – Dom de 10am a 10pm
La Pontificia Universidad Católica del Perú, a través de su Centro Cultural, el BBVA BANCO CONTINENTAL y AFP HORIZONTE presentan la exposición CATALINA MONTESINOS, El origen fue el barro en la Galería CCPUCP desde el 23 de junio.
Sobre Catalina Montesinos.
Catalina Montesinos, artista peruana radicada en Londres, Inglaterra, hace 35 años, presenta una selección de las piezas de cerámica más representativas a lo largo de su carrera.
La obra de Catalina Montesinos dotada de gran fuerza expresiva, es el resultado de un encuentro filial, casi fraternal, entre arcilla y tacto ya que la artista carece de uno de los principales sentidos: la vista. Observar cada pieza de cerámica, realmente nos puede transportar por un mundo visual muy rico en formas, colores y texturas que logra trasladar desde aquel mundo especial.
Cabe destacar que es la primera vez que se presenta en una sala de arte de Lima una exposición que cumpla también una función educativa social que nos permite brindar una mayor y merecida atención a la calidad profesional de los artistas discapacitados.
Catalina, una artista en el mundo de la ceguera.
Los artistas, se podría pensar, se basan en gran medida de su vista. Entonces, ¿qué sucede cuando pierden su capacidad de ver?
Catalina Montesinos de Brooker, comenzó a perder la vista a la retinopatía diabética en la veintena. Ella dejó sus pinturas en el estudio y nunca regresó a ellos, por el estado de depresión y la búsqueda del cambio de carrera completa. Luego descubrió arcilla. “Fue milagroso”- dice Catalina- “Llegó tan natural en mí.” Desde que hizo su primera escultura, Catalina ha tenido varias exposiciones en Londres.
Hasta hace cinco años Catalina aún podía ver aunque de manera muy precaria, ahora está totalmente ciega. Obviamente ella utiliza su sentido del tacto para hacer ollas, pero dice que sigue pensando de una manera visual. Ella todavía utiliza el color, basándose en una combinación de memoria y amigos que conocen su trabajo.
Catalina ha tenido diabetes desde que tenía seis años y tiene un tipo particularmente graves de la retinopatía. Ella dice: “Aunque tuve la mejor atención médica que no salvó a mi vista. “Suena absurdo, pero no estoy muy consciente de que soy ciega. Todavía veo las capas de imágenes en mi mente. ”
Sobre la muestra.
El trabajo con arcilla abarca los mundos del artista y el artesano. Como la escultura, a diferencia de la pintura que requiere control del gesto y presión del pincel, el modelar arcilla requiere de una mano y dedos que acarician. Es a la vez un acto creador cerebral y táctil que pasa de la imaginación etérea a la creación tangible más durable que su creador. Esas manos necesitan destreza y sensibilidad, aunque no la agilidad que se requiere para tocar un instrumento musical, por ejemplo.
No fue hasta 1985 que volvió a su estudio para trabajar con arcilla. Sin visión, pretender la perfección o sofisticación de un jarrón Ming o porcelana de Sèvres no podía ser su meta, aunque tampoco fue la creación de objetos de belleza vacua. Los objetos tradicionales de cerámica: tazas, platos y vasijas fueron solamente un punto de partida.
Consciente de la historia del objeto cerámico introdujo en su trabajo formas de crecimiento orgánico cuyo origen fue el barro mismo. Así, pueden verse en sus vasijas capullos, ramas incipientes, espirales de conchas marinas o púas de animales acuáticos que repelen todo cercano contacto. Sus vasijas no son ajenas a la historia de la conducta humana. Eventos contemporáneos intervienen. El perverso sufrimiento está plasmado en manchas de color oscuro salpicadas en superficies torturadas; laceraciones y envolturas con alambres con púas que aprisionan .No son alusiones específicas sino meditaciones sobre la crueldad que aun hoy los seres se infligen mutuamente.
Si las vasijas pueden ser apreciadas como sinfonías, las piezas más pequeñas serían obras de música de cámara. Representan sus experimentos con formas y materiales. Mechones de pelo, formas como dedos, espirales, piedrecillas esparcidas exploran el potencial de la arcilla para sugerir o mimetizar el mundo natural. Su delicadeza y simplicidad contrasta con el volumen y peso de las vasijas grandes y también con sus recientes esferas .Estas formas imperfectas, esferas heridas por la mano humana y hechas de la misma tierra que estamos dañando, reflejan su preocupación por el futuro de la humanidad. Los desgarros y perforaciones pueden ser vistos como símbolos del daño que negligentemente perpetramos a la frágil biosfera que habitamos. Pero estas heridas pueden también ser vistas como reacciones de la misma tierra repeliendo nuestra angurria y consumismo extremo de la abundancia natural. En el origen fue el barro, magma de rocas con agua que dio origen a la vida y finalmente el barro -arcilla- que completa el círculo vital de nuestra existencia cuando finalmente reposemos.
La exposición permanecerá abierta al público hasta el 18 de julio.







