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ALICIA MORALES DASSO SE DESPIDE DEL CENTRO CULTURAL PUCP

ALICIA MORALES DASSO SE DESPIDE DEL CENTRO CULTURAL PUCP

Alicia Morales Dasso, se despide de la dirección del Centro Cultural PUCP y del Festival de Cine de Lima PUCP para pasar a una nueva etapa de su vida, y toma su lugar Marco Mühletaler, quien ahora preside el CCPUCP. En esta íntima entrevista, Alicia nos habla sobre su trayectoria desde la fundación de este espacio, el cual ella describe como “un maravilloso proyecto que se inició hace 23 años y que hoy es una realidad”.

 

¿Exactamente cuándo empezaste a trabajar en el Centro Cultural PUCP?
El 15 de abril de 1995.

 

¿Y cómo fue tu ingreso a este nuevo centro?
Yo vivía en Estados Unidos, y mi hijo Martín se había declarado en rebeldía y se venía al Perú a hacer su quinto año de media. Entonces, yo me venía atrás de él sin mucha idea de lo que iba a hacer. Y, justo cuando estaba en eso, Edgar Saba – fundador del Centro - se enteró que yo venía y me llamó por teléfono y me convocó al proyecto. Fue una noticia bastante bonita, la verdad. Y con muchos nervios al comienzo, porque era sacar un espacio de la nada. Vine, me sumé inmediatamente y comenzamos poquito a poco. El Centro tenía solo 6 meses cuando yo entré. Digamos que era la encargada de hacer lo que hacen ahora los coordinadores.

 

¿Iniciaron con los mismas áreas que existen ahora? ¿Galería, cine, teatro y el área académica?
Habían todos esos espacios, pero había que llenarlos de contenido. Entonces tenía el apoyo de Lucho Repetto, que fue la primera persona en la galería; Alfredo Luna, que era el gerente, Edgar y yo. Y esos éramos.

 

¿Y cuál fue la primera gran tarea?
Desde un inicio, Edgar me habló de que quería comprar un proyector de cine. El problema es que no había dónde ponerlo dentro de esa cabina. Entonces, yo me puse a buscar en Miami, y ahí fue donde el hombre me dijo “se va a comprar un Lamborghini para dar la vuelta a la manzana”, porque yo le dije que era para dar funciones viernes y sábados después del teatro y domingo, matiné para niños. Y así es como conseguimos que nos regalaran el proyector con el que inauguramos nuestra sala.

 

Qué divertida historia. Y, luego ¿qué más hicieron para generar los contenidos para los distintos espacios?
Bueno, empezamos a inventar y crear cosas, a programar, a empezar con el teatro – que era lo que era natural en nosotros. Yo me encargaba de las producciones teatrales – me parece que la primera fue Edipo Rey – y con Lucho veíamos lo de las exposiciones. Armando Sánchez Málaga – miembro de nuestro Comité Asesor - hacía sus propuestas de los miércoles musicales donde teníamos música clásica, mientras que en la galería teníamos algunas actividades de la universidad y otras muestras que nosotros comenzamos a hacer. Hay que mencionar que la galería era distinta, era solo el segundo piso. No había librería, ahí había un espacio que en algún momento se imaginó que iba a ser una suerte de caja para cobrar y para que la gente se inscribiera. Porque yo creo que la idea inicial fue que el espacio sea algo tipo ESAN, IPAE, pero Edgar fue el que le dio la vuelta a partir de lo que entendíamos que podía llegar a ser un Centro Cultural.

 

Y digamos que ese cambio de mentalidad alteró, de alguna manera, los espacios físicos.
Sí, poco a poco fuimos modificando físicamente los espacios para hacerlos más apropiados. Uniendo aulas, porque eran aulas pensadas para carpetas, para sillas y nosotros queríamos tener una clase de danza, nosotros queríamos tener una clase de pintura y había que tener espacio. Entonces, fuimos rompiendo las paredes, e implementándolas hasta tener las seis aulas y la Sala de conferencias que tenemos hoy.

 

Claro. Y, viendo un poco el contexto de los centros culturales de esa época, como una mujer que lideraba este nuevo proyecto cultural ¿cómo te sentías?
Bueno, para empezar muchos centros culturales no había, ah.

 

Exacto.
Yo creo que nació este e inmediatamente las universidades se pusieron las pilas y se dieron cuenta que un centro cultural era algo importante, bueno y positivo y así fueron surgiendo. Había más que nada los centros binacionales. O sea, el Británico, el ICPNA, la Alianza Francesa, pero universitarios creo que nosotros hemos sido el primero. Yo siempre he dirigido espacios. Fui gerente de la Galería Huamanqaqa, fui la productora del grupo Ensayo. Entonces, de alguna manera tenía ya una experiencia de producción y no sentía que por ser mujer fuera distinto. Es más, Edgar y Alfredo, cuando había un conflicto muy fuerte decían: “Qué vaya Alicia”. Me mandaban a mí a resolverlo, porque creo que por mi temperamento siempre he podido enfrentar las cosas y resolverlas, porque era un poco como he sido criada también. Entonces, nunca me sentí menos por ser mujer. Sin embargo, siempre hay algo que sí es bien claro. Sí tenía consciencia de que frente al resto yo siempre era Alicia sin apellido. O sea, en los reconocimientos públicos siempre decían “muchas gracias a Edgar Saba y a Alicia”. Yo no era Alicia Morales, como que no tenía un peso específico, a pesar de que yo hacía muchas de las gestiones y era cercana con esas personas.

 

¿Y cuándo crees que empezó a dársete más reconocimiento con tu nombre completo?
Cuando pasé a ser directora. Risas.

 

¿Cuáles dirías que son los hitos que marcaron la historia del Centro Cultural?
Podría decir que los espectáculos que hicimos en el Teatro Municipal quemado, que fueron El Rey Lear, Fausto y Otelo. Creo que esos fueron unos tremendos retos. El Teatro Municipal era un espacio donde no había luz, no había agua, no había baño, no había nada. Fue como la conquista del Oeste, porque nosotros entramos y eso olía todo a quemado y realmente entramos a resurgir el teatro desde las cenizas. Fue extremadamente duro, estresante – incluso tuve una crisis de salud física importante -, pero creo que lo hicimos muy bien. No fue solo un hito para el Centro Cultural, fue un hito para la historia del teatro peruano.

 

¿Y qué otro hito reconoces en el desarrollo del Centro?
El Festival de Cine de Lima PUCP, que se inició como el Encuentro Latinoamericano de Cine cuando yo estaba en la Comisión de los 75 años de la Universidad y lo propuse como una actividad especial que iba a ser solo por esa ocasión. Y, creo que también otra cosa importante que hicimos, porque después además ha salido por todo el mundo, fue la exposición de Vargas Llosa en la Casa O'Higgins. Además, recuerdo – aunque nos copiamos de MTV, no te voy a decir que no – que los primeros en hacer conciertos desenchufados en el Perú, fuimos nosotros. Y luego se han emulado en muchos sitios, porque obviamente se notaba que funcionaba.

 

Y de todos estos momentos, ¿cuál podrías decir que te trajo mayor satisfacción de ver, de sentir, de experimentar?
Una tontería, de repente, que pasó en el segundo Festival de la Palabra. Estábamos en una charla acá - era de teatro - y cuando terminó se paró un chico del público y dijo “Gracias, esto ha sido muy bonito y ahora voy a bajar a comprar dos entradas para la obra de teatro para traer a mis papás, que nunca han visto teatro en su vida, porque quiero que vean. Porque esto que ha pasado acá, esta conversación y esto que he tenido con ustedes, a mí me hace sentir mejor conmigo mismo y yo quiero que mis papás tengan eso”.

 

¡Qué bonito!
Fue una tontería, pero yo dije “es que esto tiene todo el sentido del mundo”.

 

Sí, para esto hacemos lo que hacemos. ¿Qué cosas dirías que te ha enseñado trabajar aquí todos estos años? ¿Qué enseñanza te llevas?
Una frase que es trillada, pero absolutamente verdadera. Que todos somos necesarios, pero nadie es indispensable. En el año 2010 yo estuve súper enferma. Hasta ese momento yo era como la mujer orquesta del Festival de Cine, sentía que todo tenía que pasar por mis manos. La nota de prensa, la programación, el pedido de las películas, el catálogo, la distribución por salas, el Vértigo 0, el afiche, todo. Yo me enfermé y no pude hacerme cargo ese año, e igual hubo un Festival de Cine y fue estupendo y todo salió bien y todo el mundo sabía lo que tenía que hacer. Nadie se pudo dar cuenta que todo eso que yo había hecho antes, no lo había hecho ese año. Me cambió la manera de ver el mundo. O sea, creo que fue a partir de esa experiencia, que toda esa gente que había trabajado conmigo un montón, solo necesitaban que yo confiara en ellos, porque sabían hacer las cosas. Si yo no estaba, no pasaba nada.

 

Yo me voy a quedar siempre con algo. Una vez dijiste que no debemos dar las cosas por sentado. O sea, no podemos entrar en modo de piloto automático.
Eso es fundamental en todo lo que uno haga. O sea, debemos entrar a la edición 22 del Festival con la experiencia y herramientas de los 21 años, pero con la actitud del primero, que es: “cualquier cosa puede pasar, pero tienes que estar preparado para resolverlo”. Hay que entender que el trabajo en este lugar es como una carrera de diez mil metros, y en ese sentido no te puedes quemar en cada cosa, tienes que escoger tus batallas.

 

¿Cómo definirías al Centro Cultural a una persona que no sabe nada sobre lo que hacemos?
Como un sitio padrísimo (Ríe). Yo creo que sí, y no en vano a todo el mundo le gusta quedarse acá y le gusta estar acá. Hay problemas, por supuesto, en todos lados hay problemas. Pero, creo que lo que hay acá es unas ganas de hacer las cosas y de hacerlas bien, de comprometerse realmente con pasión y entrega a lo que uno hace.

 

¿Cómo te imaginas el Centro Cultural en cinco años?
Mejor, mejor. Yo creo que este cambio generacional también es un cambio importante en el sentido de que los logros no solo sean logros artísticos - que son muy importantes y creo que es en lo que nos enfocamos nosotros –, sino que seamos un modelo de gestión, de eficiencia, digno de replicarse. Yo considero que siempre llega un momento en el que uno debe tomar un paso atrás. ¿Por qué? Porque tiene que venir una nueva generación y tiene que plantear cosas de una manera distinta. Cuando uno está cansado no debe dirigir nada, ya. Puedes asesorar, puedes aconsejar, pero para una carrera de diez mil metros, necesitas de esa energía, de ese esfuerzo y de esa estamina, eso es el motor que empuja. Si no, viene lo del piloto automático y ya fuimos, pues.

 

Y para culminar, en base a todo tu experiencia ¿qué consejo le dejas a Marco como tu sucesor?
Que respire. Que confíe. Que supervise, quizás no al mínimo detalle, no es necesario. Que no exista una necesidad de controlar todo, todo el tiempo, porque eso agota. Y en esta carrera hay que entregar lo mejor de sí, pero no hay que agotarse.

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